27 enero 2007

Cuestión de solidaridad

Siempre había miguitas en el alféizar de su ventana. Las dejaba allí cada domingo para que vinieran a comer los pájaros del parque cercano. Era una cuestión de solidaridad: nadie les echaba palomitas a los gorriones, sin embargo, las palomas se ponían las botas con las chucherías de los niños. Luego, volvía a la cama, sacaba algún libro del cajón y se ponía a leer hasta oír algún repiqueteo en el cristal. Eran puntuales. Levantaba la vista y les miraba con atención. Entonces y sólo durante aquellos breves instantes, la vida le parecía de verdad y no un telefilme de Antena 3 a las cuatro de la tarde.


7 comentarios:

Gonzalo dijo...

Me encanta la palabra alféizar. Por otra parte, respecto a los pájaros que no se comen, creo que Hitchcock tenía razón.

humo dijo...

... SIEMPRE CUESTION DE SOLIDARIDAD

mc clellan dijo...

No sé qué decía Hitchcock sobre eso... Pero a mí los que me gustan son los que hay en algunas cabezas. De todos modos, son unos seres mal tratados: por un lado son la libertad absoluto y. por el otro, símbolo de la dictadura... Ayns

Gonzalo dijo...

Decía que para qué sirven, Alfred. Y además hizo una película en la que los dejaba un poco como si fueran los malos de la historia. Los de la cabeza, efectivamente, son más interesantes, aunque a veces, en el interior, se choquen continuamente con las paredes del cráneo, como un gorrión contra los cristales. No saben salir, pero no dejan de intentarlo.

Gato negro dijo...

En las ciudades muchas veces son más amistasos que las propias personas.
¿Cuestión de solidaridad?Es posible.
La canción está hecha para los domingos por la mañana.

GATO NEGRO

anso dijo...

los pájaros volvían cada día, quien sabe si huyendo a su vez de otra cadena de televisiva amuerma pájaros,
volvían y picaban en la ventana...en busca de la otra realidad...una, que les miraba fascinada detrás del cristal y les regalaba palomitas...

humo dijo...

ayer recordé una anecdota despues de leerte

hace tiempo, estaba estudiando frente a la ventana y un pajaro, joven y tiernamente inocente se paró en el alfeizar

era verano y tenía la ventana abierta de par en par

se paró y se quedó mirandome

yo permanecí quieto unos segundos sorprendido de que no saliera volando

el me miraba y a mi se me escapaba una sonrisa

creo que lo advirtió pues se inquietó de repente

parecía que iba a huir

y sin embargo salto dentro de mi habitación y se posó en la mesa

despacio intenté tocarlo, pero entonces si se fue...

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