13 marzo 2005

Rumbo al sur

Gritaré tu nombre en el andén. Gritaré hasta que mis gritos se ahoguen en su propio sonido. Hasta que el eco de la estación estalle en mi garganta. Hasta que me quede sin aire. Gritaré porque te vas y, si no te vas, gritaré porque te quedas. Hagas lo que hagas, yo ya no soy la misma. Ya no te espero sentada, en silencio, con una margarita desmayada en mis manos. Ahora me revelo de esa estúpida languidez. Me revelo de mí misma. Dejo el miedo en un cajón, lo guardo bajo llave para que no se vaya nunca pero, a la vez, para que no me arañe cada vez que te veo. Ahora mis manos no sujetan margaritas.
Odio la lentitud de esta despedida. Quiero que arranque el tren. Quiero perderlo. No quiero pagar este billete tan caro. Ni quiero aceptarlo como regalo. No quiero ir contigo, ni quiero irme sola. Quiero que seas tú quien se vaya. Tus abrazos eran una cárcel y tus palabras los barrotes de mi ventana. No me mires así, ahora no me culpes a mí de tus penas. Sabes que yo no tengo la culpa. También sabes, como yo, que tú tampoco la tienes.
No me odies, ni esperes que te odie. Hemos vivido durante tiempo adormilados, en una maldita connivencia donde no sentíamos nada. Es indiferencia. Es, tal vez, el peor sentimiento. Lo sé, sé que lo sabes. Lo sabes y lo odias, pero es lo que hay. No vamos a negar las evidencias. Este asesinato no lo hemos cometido ninguno de los dos. Simplemente, es un suicidio. Como Charly, se tiró por la ventana, sólo que abajo no lo esperaba ninguna piscina. Se quedó aquel día sobre el suelo.
No intentes recuperarlo. Es como el mercurio, se multiplica cada vez que lo tocas. No puedes hacer nada. Y yo no quiero hacer nada. Dejémoslo así, no intentemos nada más. Ni te despidas. Qué me vas a decir. Seamos amigos.... Para qué. Amigos no somos, no lo fuimos. Nos hablamos... ¿Nos hablamos alguna vez? Te escribiré... Eso tampoco funciona.
¿Te acuerdas del planetario, verdad? Piensa en ello alguna vez, si es que quieres recordarme. Piensa en la fascinante historia que nos inventamos. Piensa en niña lluvia y niño sol. Piensa que es casi imposible que uno y otro se den a la vez. Y que, cuando lo hacen, hay un arco que los une. Y nosotros rompimos ese arco aquella vez en el planetario.
Y ahora, vete. El jefe de la estación camina hacia el final del andén. Está dispuesto a dar la salida. Vete, por favor. No mires hacia atrás. Yo no voy a mirar. Llámame cruel. Di que soy la mala. Ahora estoy cansada de no ser nada y puede que, incluso, me apetezca ser la mala. Me da igual lo que piensen los demás. Me da igual lo que pienses tú. Ya ves, las tornas han girado y yo estoy aquí. En el mismo lugar, pero rumbo a otra dirección.
Igual que tú. Río abajo, rumbo al sur.

2 comentarios:

Gonzalo Sellers dijo...

ya puedo comentar tus articulos. preparate...jejeje

Luís A. Núñez dijo...

Promete, sí señor. Por cierto, que alguien le quite el sombrero a David Mills. Aquí no llueve ni hace sol. Jeje. Un abrazo y no abandones este espacio.

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