Puerta: historias que merecen ser contadas
Mostrando entradas con la etiqueta historias que merecen ser contadas. Mostrar todas las entradas

16 febrero 2015

Tresviso, 26 días entre la nieve

El temporal nos ha dejado imágenes para el recuerdo e historias que contar durante meses... y tal vez años. También el temporal ha llevado a los medios el nombre de un pueblo que yo conozco desde cría porque no anda muy lejos del mío. Tresviso. Con s, sí. Lleva casi un mes (concretamente hoy se cumplen 26 días) con la carretera bloqueada por la nieve. Allí no llega nadie en coche. Ni siquiera el panadero. Este sencillo manjar les cae del cielo gracias al helicóptero del 112. Ni siquiera el recio mozo que subió el pan a Caloca en un trineo atado a su cintura se aventura carretera arriba hasta este pueblo, situado a casi 900 metros de altura, en un hoyo, al abrigo de las esculpidas peñas de la zona. Dicen que su nombre, que proviene del latín, significa algo así como tras el collado o, más dramático, tras el abismo.

Treviso, de Alberto Aja @dmontanes
Imagen de Alberto Aja vía @dmontanes
Hasta hace no demasiados años, a Tresviso no había carretera -asfaltada, se entiende-. Se subía por una senda 'pindia' como las paredes de los Mallos de Riglos. Desde el cielo se ven las zetas cinceladas por las pisadas de los caminantes en la caliza. Hoy tiene una, la CM 88/01, que discurre en parte por Asturias... Aunque Tresviso sea Cantabria. Esa vía hoy es invisible desde el cielo. Se oculta bajo toneladas de nieve que todavía no han podido ser retiradas. Ni las quitanieves, ni las máquinas fresadoras han sido capaces de despejarla (en mitad del temporal, su alcalde salió con dos vecinos para intentar que no se cerrara y se quedó una noche atrapado hasta que llegó por su propio pie a la taberna del pueblo cuando a punto estaba el GREIM de rescatarlo, otra historia...). Los aludes, comunes estos días en que las temperaturas han subido y la lluvia ha comenzado a empaparlo todo, tampoco lo ponen fácil. 

Los 21 vecinos que viven en 16 casas no se impacientan. Pese a que hoy son noticia hasta en los noticieros nacionales, en Tresviso la nieve es frecuente y más de un invierno han quedado aislados por tierra. Hace años, en noviembre ya tenían las despensas llenas en espera de la nevada que les cortara las comunicaciones con el resto del mundo durante semanas. En la actualidad, su aislamiento dura menos... y tienen más ayuda. Los móviles y los helicópteros hacen mucho. Nadie se ha quedado sin sus medicinas y hasta el ganado salvaje recibe forraje por vía aérea si es necesario para que no muera de hambre. 

Este domingo, El Diario Montañés, el periódico de más tirada en Cantabria, le ha dedicado un reportaje digno de mención a la situación de Tresviso, un lugar al que algunos solo conocerán por la fama de su queso picón. Un periodista y un fotógrafo, ropa térmica y plumífero cerrado hasta la barbilla, bastones en mano y raquetas en los pies, subieron hasta la aldea para hablar con los vecinos. Chapeau. Por la intención, aunque puedo imaginarme la cara de los del pueblo al ver acercarse a los foráneos de semejante traza cuando ellos van en pantalones de franela, jersey de lana, chaquetón abrigado eso sí y botas de goma, de las que siempre se han usado para ir a la cuadra a ordeñar y 'esbarriar' el estiércol con el 'roeru'. Y por el resultado, fino, elegante, sencillo, sin alardes, sin fuegos artificiales... En definitiva, directo, honesto y, sobre todo, bien contado. 

Treviso, de Alberto Aja vía @dmontanes
Imagen de Alberto Aja vía @dmontanes
Si les ha picado la curiosidad, aquí les dejo el enlace. No tardarán más de diez minutos en dar cuenta del texto (de José Ahumada) y de las fotos (de Alberto Aja), algunas ya se las he adelantado en este post. Verdad verdadera. Periodismo honrado, porque sí, también existe, aunque es caro y requiere tiempo, dos lujos en los tiempos que corren. 

11 febrero 2014

16 alertas en 40 días

Acaban de decir en las noticias que en el norte llevamos 16 alertas en 40 días por mal tiempo: lluvia, viento, nieve, frío... Y sí, llevamos una entrada de año muy inestable en lo meteorológico. Pero me sorprende que sea noticia. Al menos todos los días. Hasta hace poco -o eso creo- las conversaciones del tiempo eran propias de los censores. Ahora no, en la radio, en la tele y hasta en los periódicos son noticias de impacto.



¿Es el nuevo opio para el pueblo, después de que el fútbol crispe más que distraiga? Además, sale tan barata... es que a veces no hay ni que moverse de la silla de la redacción. Basta con levantar un teléfono, robar un par de fotos de Twitter, descargarse clips de Youtube y pedir la colaboración de los ciudadanos... Porque sí, el periodismo también esta de rebajas y en crisis.

Por eso, en días como éste me acuerdo de Benedetti, de García Márquez y de Fallaci. Y de todos esos colegas que tienen la oportunidad y la valentía de hacer el periodismo en el que creen, con la complicidad de sus jefes y el respaldo de sus editores. Que no siempre es irse a primera línea de un conflicto internacional. A veces basta con moverse un par de metros y mirar a los ojos de la gente normal, protagonistas de más historias de las que creemos.








02 febrero 2012

Memoria

La historia de María Martín emocionaba ayer desde la Audiencia Nacional. Esta anciana de Pedro Bernardo (Toledo) contó cómo mataron a su madre el 21 de septiembre de 1936, cuando ella tenía "seis años y dos meses". Luego, dijo, ella también sufrió las represalias destinadas para los que eran del otro bando.

Ayer no se juzgaba lo que ocurrió entonces, sino a Garzón. Y para ello acudían como testigos los familiares de víctimas del franquismo en busca, todavía, de los huesos de los suyos. Era la primera vez que se escuchaban sus testimonios en un tribunal. Pese a que el juez lo que trata ahora de determinar es si Garzón concurrió en un delito de persecución política por querer investigar estos casos.

María tiene 81 años, pero cuenta su historia con una precisión como si todo hubiera sucedido ayer. Y quizá sí pasó ayer.  El tiempo, al fin y al cabo, no es algo objetivo. Muchos no quieren escucharla y se escudan en que agua pasada no mueve molinos. Otros piensan que no hay que remover viejas heridas para evitar dividir de nuevo al país.

Yo creo que sí es necesario honrar la memoria histórica. La de todos los bandos. Lejos de abrir la brecha, ayudaría a cerrarla. Hay padres, hijos, nietos, sobrinos... que quieren enterrar a los suyos con los honores que no tuvieron. Tienen derecho. El silencio y el olvido, si no son producto de la libre decisión de cada uno, son una pesada condena.

10 junio 2010

Historias con final feliz

Hoy voy a hablar de Carpio. Para los que no lo conocen, es un pasiego de los de antes que vive en lo alto de La Braguía. Su nombre completo es Policarpo Sainz. Su historia saltó a los medios allá por mayo: un juez había decretado el embargo de su cabaña de vacas para saldar el arreglo de un coche que atropelló a una de sus reses en la madrugada del 25 de julio del año pasado. Realmente, Carpio debía pagar 3.365 euros, pero no los tenía. Cobra una pensión de 300 euros que complementa con lo que saca del ganado. Y no posee ahorro alguno: ni en el banco, ni en casa, como es propio de los antiguos pasiegos.

(Foto de Daniel Pedriza, El Diario Montañés)

Hoy, las donaciones anónimas han hecho posible el final feliz: ya se ha recaudado el dinero necesario para arreglar el turismo y Policarpo podrá seguir con su modo de vida como hasta ahora. Él poco conoce de la historia de la hucha. Hace tiempo que no baja a Selaya, donde está instalada en un bar. Prefiere arreglárselas en su cabaña de La Braguía, en la que no tiene ni luz ni agua corriente, mucho menos teléfono o gas. Allí es feliz. Pese
a esa espada de Damocles que pesaba sobre él hasta hoy y de la que ya parece haber sido liberado.

Así que si alguna vez pasas por La Braguía, acuérdate de Carpio y de su historia. La puedes leer aquí y aquí. Y por ella es hoy el personaje de la semana para este blog.

29 abril 2010

Hire Himalaya

Hoy es un día negro para el alpinismo. Otro más. Ha muerto Tolo Calafat en el Annapurna, la montaña maldita, después de pasar dos noche al raso. Y raso es un decir, porque la Reina de la Cosecha tenía reservado para estos días -después de que Oh Eun-Sun la hollara y se convirtiera en la primera mujer que sube los catorce ochomiles- una tormenta de nieve.

Llevaba desde ayer pendiente de este tema. Así que he leído todo lo que ha caído en mis manos (bueno, mejor diría en mi pantalla). Y me sorprende con tristeza lo fácil que es criticar (a menudo de manera anónima) lo que hacen los montañeros, los equipos de rescate, los sherpas... No sé si es que ya no nos ponemos en el lugar de otro por desconocimiento, insolidaridad o mala baba, pero me preocupa.

Sebastián Álvaro, el que fuera director de Al filo de lo imposible, pedía clemencia a los internautas de elmundo.es a la hora de analizar todo lo sucedido y dicho. Y tenía razón. Hay que ser clementes. Pero también cautos. En la montaña las reglas son otras y dos más dos no son cuatro.

No soy alpinista, no sé escalar y nunca me he acercado a un rocódromo (creo que por eso sigo de una pieza). Pero aprendí a respetar este deporte / afición / profesión gracias a Hire Himalaya. Se trata de un libro (también hay un documental) que recoge la ascensión de Alberto Iñurrategui a los catorce ochomiles.

Creo que salió al mercado en el año 2002. A mí me lo dejó mi amigo Ibon. Y sé que todavía se puede encontrar porque lo busqué hace poco para regalármelo y releerlo. Está repleto de poesía, alma y corazón. También de fotos: muy buenas, por cierto, no sólo por dónde están hechas, sino por su encuadre, su calidad, su significado.

Pese a ser un libro en el que se cuenta un hito: hollar catorce gigantes lo es. No sólo hay momentos buenos, también los hay malos: muy malos. Alberto perdió a su hermano Félix en el 2000, durante la ascensión al Gasherbrum II. Un año después de ello, regresó a la montaña para hollarla y se encontró con los restos de su expedición, y entre ellos, el piolet de Félix (de lo que ya hablé una vez).

A lo largo de sus más de 200 páginas, el alpinista deja importantes reflexiones de lo que es esta actividad. No son sermones, es su forma de vivir la montaña. Y al lector (al menos a mí) le pueden ayudar a entender y respetar esta actividad. Que falta hace en días como hoy.

15 enero 2010

Cara y cruz

El 12 de enero la tierra se abrió en Haití. Un terremoto de 7 grados en la escala de Richter sacudió el país y movió de sitio las montañas. Desde entonces, la opinión pública y los medios siguen la noticia. Se afanan por contar la historia. ¿Pero quién era Haití antes de la tragedia?

La historia de este país bañado por el Caribe está repleta de altibajos. En los papeles ha quedado escrito que fue el segundo estado americano que declaró su independencia en la era colonial, tras EE UU. Y el primero en abolir la esclavitud tras una revolución que abrió la puerta de los Derechos Humanos a los negros. Sin embargo, hoy -o mejor dicho hasta el martes- siete de cada diez de sus habitantes vivían en situación de pobreza, y su maltrecha economía lo había aupado al primer puesto del ránking de países más pobres del continente americano.

Haití era -es- la cruz de República Dominicana, un destino habitual en los catálogos de viajes de placer de tantas agencias, con una economía en vías de desarrollo. Por lo tanto, no es difícil imaginar que muchos haitianos cruzaran hace tiempo la frontera que dividía La Española para pasarse al otro lado, al de la esperanza, donde no siempre fueron recibidos con los brazos abiertos.

La historia de los dos inquilinos de esta isla está marcada por rivalidades y recelos. Algunos de estos roces han rayado, incluso, la xenofobia, como atestigua, por ejemplo, la biografía del dictador Rafael L. Trujillo. Sin embargo, en los últimos años, las relaciones entre ambos estados han mejorado ostensiblemente. Como sucede, a veces, entre hermanos.

Así, hoy, República Dominicana es la puerta por donde entra la ayuda internacional para las víctimas. Pero también es la ventana desde donde observan la tragedia aquéllos que emigraron, y que en estas horas terribles intentan reconocer en los rostros que aparecen en las televisiones de las casas donde trabajan como personal de servicio los de sus antiguos vecinos.

30 diciembre 2009

Dickens está en todas partes

Está claro que hay noticias que no dejan a nadie indiferente. Hoy he encontrado una de ésas navegando mientras escucha a Stan Getz... En fin, es lo que tiene estar de vacaciones, que sea Navidad, que me haya puesto como el Quico (por qué se dirá esto) en la cena...

Pero no me lío.

Titular: Una multa enciende a los bomberos (de Santander).
Subtítulo: La Policía retira el coche clásico que sale en la Cabalgata por no tener seguro.

Esto sí que es un bonito 'Cuento de Navidad'. Ávidos guionistas, aquí tienen un filón para su próxima película. Buenas noches y buena suerte. También para ti, Scrooge.

25 octubre 2009

El ángel de Spies

Ben Spies ya puede respirar tranquilo. A estas horas, el piloto texano de Yamaha en Superbikes es oficialmente el campeón del mundo. Su última carrera, en Portimao, no ha sido todo lo brillante que a algunos nos gustaría, pero es lo que hay. 'Elbows', en el fondo, es un chaval de 26 años al que también le tiemblan las piernas (y las manos) de vez en cuando.

Seguramente ahora esté celebrándolo con los suyos: con su equipo, con su madre y con su padrino, Kevin Schwantz. Y seguramente también, se estará acordando de aquellos días aciagos donde solo éste último creía que llegaría tan alto como lo ha hecho. Porque sí, Spies también lo ha pasado mal. Muy mal me atrevería a decir.

Escuchando la retransmisión de Eurosport me he enterado de una de esas historias que ponen el vello de punta. Ben Spies empezó a correr con cinco años, pero cuando era sólo un adolescente tuvo un gravísimo accidente con la moto. Salió de él con lesiones de consideración, entre ellas, importantes quemaduras por rozamiento. La recuperación no fue fácil. En medio de ese calvario el chaval y su madre decidieron, de manera tácita, que aquello se tenía que acabar.

Sin embargo, hay gente que tiene un ángel de la guarda detrás, y el de Spies se llama Kevin Schwantz. El mítico piloto siguió en la sombra la recuperación de su pupilo y cuando vio que no le quedarían secuelas físicas inició su particular batalla: convencer al chaval de que se subiera a la moto, y a su madre de que lo dejara. No sé si le costó o no, pero me imagino que la tarea no fue fácil.

Hoy, esa madre y Schwantz se han abrazado nada más ver cómo Spies llegaba a meta. con el título en el bosillo. La temporada que viene quizá lo vuelvan a hacer, pero esta vez, en Moto GP. Bienvenido, Elbows. No podía ser de otro modo.

05 agosto 2008

Derechos civiles... O no

Aunque tengo pendiente otra cosilla por ahí de la mano de atemporal, acabo de leer un artículo que me ha movido de mi letargo vespertino y agostero. Resulta que en Torrelavega hay un conflicto con la Policía Local. Los agentes quieren una entrevista 'in person' con la alcaldesa de esta ciudad, intuyo que de vacaciones ahora. Como han recibido un no por respuesta, los aguerridos cuerpos del seguridad se han plantado delante del Ayuntamiento... e incluso dentro.

Ayer, tomaron la casa consistorial y ésta tuvo que ser "desalojada y clausurada" por "no poder garantizar la seguridad" de quien en ella se adentrara. ¡Vaya por Dios! Y ante la posibilidad de que hoy se repitiera la escena (¿dónde habré visto yo algo similar?), la Delegación de Gobierno ha decidido tomar cartas en el asunto, a petición del alcalde en funciones.

¿Cómo? Imponiendo normas... Que si hay que protestar, al menos, que se haga en orden, vaya. Resulta que los policías sólo pueden quejarse "una hora al día". Si es que hay que tener mano izquierda... y derecha. Pero no se queda ahí la cosa. Hay más. Esos 60 minutos tienen que ser los que van de las 9.00 a las 10.00 horas, y todos los miembros de la concentración han de estar a "más de 20 metros del Ayuntamiento".

Mmmm. Lo próximo ¿qué será? ¿Incluir en el convenio la marca de café que hay que tomar?

11 julio 2008

Teoría de las necesidades de McClellan

Leo en El Mundo cómo hacer (bien) una maleta con la esperanza de que se me haga más corto el tiempo hasta mis vacaciones y me entero de que hay por ahí una supuesta teoría de las necesidades… ¡¡de McClelland!! Evidentemente, me he puesto a buscar de qué va por esto de la homonimia. Y es muy curiosa, vamos, que está presente en nuestras vidas como el aire. O peor, como los jefes.

Por lo visto, este sesudo psicólogo americano asegura que la motivación de una persona depende de tres necesidades dominantes: logro, afiliación y poder. Es decir, que estamos más motivados si:

1.- Hacemos cosas que a menudo nos suponen un reto y nos salen bien. Obviamente, detrás de ello siempre habrá una recompensa (del tipo que sea)
2.- Nos sentimos a gusto con los que nos rodean: nos gustan y sentimos que les gustamos. Se han dado casos en algunas oficinas, pero rara vez
3.- Tenemos responsabilidad sobre algo. O lo que es lo mismo, somos jefes de pies en mesa.

¿Bonito, no? Pues bien, yo también tengo una teoría de las necesidades. Menos sesuda, pero igualmente (in)útil. Estoy más motivada si:

1.- Hace bueno. Sí, qué pasa, soy un poco lagartija para estas cosas, aunque luego trabaje en un zulo donde no veo más que la luz del fluorescente. Pero ¿y cuando salgo, qué?
2.- Mi iPod (verde manzana) tiene batería. Había una cita célebre que decía algo así como que si no tienes algo que decir mejor que el silencio, cállate. Pues yo creo que si no tienes algo mejor que decir que la música, cállate. La vida funcionaría mejor si los jefes tuviera un play en vez de boca.
3.- Hay café de verdad en el vaso. Odio odio odio odio que se me acabe mi droga. Ya he dicho que soy cafeinómana, y si no la tengo, me pongo muuuuuuy violenta. Supongo que no hay duda de que acepto invitaciones ¿no?

23 abril 2008

En la fecha

Lo confieso, no he leído nada de Gelman. Y hoy me arrepiento al escuchar su discurso durante la entrega de su Cervantes. Con la voz profundamente ronca, bajo la cual se adivina, casi, la falta de aire al hablar tan propia de asmásticos y fumadores, lo dice. La poesía ha de estar "en pie contra la guerra". Y contra el olvido, cómo no. Víctima de la más cruel de las torturas de la dictadura argentina, hoy se ha acordado de su hijo y de su nuera desaparecidos. Al otro lado, su nieta, recuperada a pesar de los años y el dolor, lo escucha con la mirada hecha cristal. Y ha confesado lo que todos hemos hecho alguna vez: exorcizar nuestros fantasmas por medio de la tinta y el papel. "El poeta no vive para escribir, escribe para vivir". Porque sólo así es posible soportar la náusea y el abismo que se extiende a nuestros lados. Sólo de este modo uno se puede abrir camino en la tierra herida de lava, como las carreteras en el Parque Nacional de Timanfaya. Hoy he comprendido que tengo una cita en alguno de sus versos colgados...
Solo de ti, lleno de ti,
esta tarde a las 7,
el ciudadano de tu
ausencia
se palpaba la cara, la voz, los papelitos,
deveras comprobando
que tus ruidos andaban por sus huesos
y en general te habías ido.
Golpeó puertas, teléfonos.
La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,
y él sentía tirones detrás del corazón.
A lo mejor era el tabaco,d
e todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.

18 octubre 2007

El caso de la ¿rubia platino?

Leía en el oyente -curiosa expresión- cómo cambian las cosas. Ni Sabina fuma como antes. Ni Rajoy es rey. Las cosas cambian que es "una barbaridad, señora Pilar, catorce huevos y doce gallinas", que dicen en mi casa -en fin, el refranero popular es lo que tiene-. Las historias se cruzan, se enredan, se entrelazan. Son caprichosas. Como nosotros. Y si no, ahí tienen a Sarkozy (París, 1955), hoy noticia, aunque no por la cumbre del Lisboa.

Conoció a Cecilia (Boulogne-Billancourt, 1957) en el altar. Se apellidaba Ciganer -su padre era un judío moldavo-, aunque estaba a punto de cambiarlo por Martin. Era alcalde de Neully-sur-Seine y oficiaba su boda con Jacques (Estrasburgo, 1921), el padre de Alix. Dicen los mentideros que Nicolas se quedó prendado de aquella muchacha de 23 años, que hacía sólo medio año que había suspendido otra boda con un fotógrafo. Probablemente es falso. Aunque sí es cierto que cinco años después de aquel 10 de agosto de 1984, Cecilia se divorcia. Tiene dos hijas -Judith y Jeanne Marie- y, al parecer, un 'affaire' con el joven y prometedor político.

Sin embargo, Sarkozy -también judío, pero de orígen húngaro-, está aún casado con Marie Dominique Culioli, una farmacéutica corsa, con la que tiene dos hijos -Pierre y Jean-. No se separaría hasta poco después, e inmediatamente confirma su nueva relación. A partir de 1993 la pareja formada por la bisnieta de Albéniz y el copríncipe de Andorra empieza a aparecer junta. Entre miradas de arrobo, Cecilia y Nicolás celebran su boda tres años después, en Neully sur Seine, localidad fetiche para ambos.

Un año más tarde nace Louis, el pequeño de la familia. A partir de 2002, cuando Sarkozy se convierte en ministro del gobierno de Jean-Pierre Raffarin, Cecilia comienza a aparecer en la escena política. Colabora con su marido en lo que puede, aunque eso levante ampollas y él tenga que salir al paso de las críticas, asegurando que lo hace gratis, que la gran familia que forman -entre los dos suman cuatro hijos- sólo viven de su sueldo. Pero nadie discute su relación. Hasta mayo de 2005.

En esas fechas se celebra el referéndum francés sobre la Constitución Europea. Y Cecilia no aparece al lado de Nicolas. Algunos periódicos hablan de crisis. Otros publican ya hasta el nombre del amante de ella, Richard Attias, un publicista que ha pagado los platos rotos de esta intensa relación. Y de la nueva conquista de él, la periodista política de Le Figaro Anne Fulda. Incluso hay fotos de los romances. Estalla la guerra entre ambos y Cecilia se muda a Nueva York.

Sin embargo, en 2006 regresa a Francia y al lado de su todavía marido. Unos hablan de reconciliación. Otros de paripé por "razones de estado". La duda nunca se ha disipado. Y el comportamiento de la pianista echa más leña al fuego. Sus desapariciones, sus silencios, su abulia en los actos públicos... El forzado beso durante la toma de poderes de Nicolas en mayo como presidente de la República lo evidenció aún más. Sobre todo porque desde enero hasta abril nadie sabía qué había sido de la primera dama.

Y porque durante ese tiempo, la prensa desveló que Cecilia no había votado a Nicolás durante las elecciones. Se abstuvo, algo difícil de entender en el país galo, sobre todo, después de su apoyo incondicional a Sarkozy durante su etapa ministerial. La prensa una vez más desempolvó otro nombre: Marc Levy, un escritor con el que, supuestamente, ella se veía a escondidas. El matrimonio dio la callada por respuesta. Incluso se habó de 'anginas blancas' para excusar la ausencia de Cecilia en el encuentro que Nicolas mantuvo con George W. Bush en agosto, durante sus vacaciones en Maine.

Nadie se creía ya la historia de amor de los Sarkozy. Hoy, el Elíseo les ha dado la razón. El presidente y la primera dama se separan. Por primera vez en la historia de Francia. Los líos de faldas en la alta clase política francesa son el pan de cada día: lo hicieron, entre otros, Valery Giscard d'Estaigne y Jacques Chirac; y Françcois Miterrand tiene hasta una hija ilegítima. Pero ninguno de ellos se divorció mientras ejercía su cargo. Sólo Nicolás lo ha hecho. Un 18 de octubre, a sólo cinco días de su aniversario de boda con Cecilia.

14 octubre 2007

Siffert y Bell

Tenía casi 30 años y pilotaba un Ferrari. Rojo, como tiene que ser. Iba liderando la carrera. Circunstancialmente, como pasa también a veces. Pisaba a fondo el acelerador. Tenía que sacar suficiente ventaja como para que los Porsche 917, los verdaderos líderes de la competición, perdieran toda su ventaja. Era la vuelta 38 y frente a él estaba el 512M de Mike Parkers. Lo tenía a tiro. Sólo tenía que darle un poco más de gas a su 312BP. Y lo hizo. Era la curva de Ascari, que escondía la espaciosa recta de meta. No llegó.

Parkers tuvo tiempo de ver lo que le esperaba cuando la horquilla se deshacía. Un auto blaquiazul cruzaba en diagonal la pista. Era el Matra de Jean Pierre Beltoise, el coche ganador del año anterior. Se había quedado sin combustible y el francés estaba empeñado en hacerlo llegar al box. Su compañero esperaba allí para darle el relevo. Tampoco llegó. El 512M lo esquivó en una maniobra rápida y limpia. Él no pudo. No lo vió.

Una bola de fuego estremeció a los espectadores. Beltoise se quedó parado en medio de la pista, con las manos vacías. El coche se le había ido. Había desparecido. El 312 había impactado contra él a una velocidad de vértigo. Unos metros más allá, ya en la recta de meta, había una densa humareda. Salía de un amasijo de hierros... rojos. Era el Ferrari de Ignazio Giunti. El italiano murió en el acto. Era el 10 de enero de 1971. Los 1000 kilómetros de Buenos Aires en el Autódromo 17 de octubre. Al final, ganó un Porsche. El de Siffert y Bell. El suizo también moriría ese mismo año en Brands Hatch.

08 septiembre 2007

La comunicación

Seung Hui-Cho no era un chico normal. Por eso, en abril de este año le dio por armarse hasta los dientes y disparar a diestro y siniestro en el campus universitario donde vivía y estudiaba. Seun Hui Cho es el autor de la mayor masacre estudiantil que ha vivido Estados Unidos: la de Virginia.

Hace unos días, sus padres explicaban al mundo, vía entrevista, cuan desconocido era su propio hijo para ellos. Y la conclusión que uno se lleva al ver lo que dicen es que Seung Hui-Cho era un rarito casi desde que nació.

De pequeño no le gustaba que le tocaran. A los tres años tuvo problemas de corazón y se enfadó mucho por las pruebas médicas: demasiado roce. A partir de ahí, nunca dejó que nadie se le acercara: ni figuradamente. La migración de la familia a Estados Unidos cuando sólo tenía ocho años no mejoró su introversión. Todo lo contrario.

Las dificultades con el idioma le causaron muchos dolores de cabeza y humillaciones en clase, según sus padres. Seung Hui Cho ceceaba y era gangoso. Los niños se reían de él y habitualmente comía solo. Los sandwiches de mantequilla de cacahuete los engullía mientras las lágrimas se le acumulaban en la comisura de la boca.

Los profesores recomendaron a los padres que lo trataran. Y el chaval fue enviado a terapia: no tenía que hablar si no quería. Bastaba solo con que dibujara, modelara plastilina, tocara algún instrumento. Pero su mente turbada no mejoró. El chico tenía obsesión por las casas sin ventanas y las cuevas sin respiraderos.

No es de extrañar, por tanto, que Seung Hui Cho cogiera sus pistolas el 17 de abril y se lanzara a matar compañeros como quien acaba con marcianitos. Demasiada luz a su alrededor. Demasiado ruido. Imposibilidad de comunicación. Nadie podrá decir ahora cómo era realmente Cho. Nadie le escuchó a él.

Y él lo que deseaba más que nada, seguramente, era eso, que alguien se sentara a su lado en intentara comprender algo de lo que balbuceaba. Porque Seung Hui Cho llegó, incluso, a cambiar de estudios. Dejó la informática por la literatura, a pesar de que su hermana le advirtió de que, dados sus problemas para expresarse en inglés, no era lo más recomendable.

27 junio 2007

Hatshepsut y la Pantoja

Una muela ha sido el mejor documento de identidad para la reina Hatshepsut. Esta mujer, de fuerte carácter y gran personalidad, a la que gustaba jugar con la dualidad de su nombre, reposaba en el sótano del Museo Egipcio de El Cairo desde hacía años.

Los expertos dudaban entre si el cuerpo momificado era el suyo o el de su criada, Sitre In. No había señales que pudieran favorecer el reconocimiento. Tal vez porque tampoco se sabe a ciencia cierta que edad tenía ni en qué circunstancias murió

Unos dicen que fue en un golpe de estado dado por su hijastro, Tutmosis III. Y otros, por pena, tras la muerte de sus principales apoyos en el gobierno del pueblo –uno de ellos, Senenmut, su supuesto amante– y de su hija, Neferura, en la que había puesto todas las esperanzas para que fuera su sucesora en el trono.

Sea como fuere, el caso es que Hatshepsut falleció en Tebas tras 22 años de reinado. Y como tal, su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el Valle de los Reyes junto al de su nodriza, como era su deseo. En 1902, lo encontró el arqueólogo británico Howard Carter, el mismo que veinte años después hallaría el sepulcro de Tutankamón.

Y desde entonces, los expertos tratan de averiguar la identidad de los dos cadáveres. Un molar depositado en un vaso funerario con el nombre la faraona ha arrojado la luz necesaria sobre el asunto. Coincide a la perfección con la dentadura de una de las dos momias. Si ya lo decía Isabel Pantoja: "dientes, dientes...".

04 junio 2007

Goodbye, Gorbachov!

A Jan Grzebski, un trabajador ferroviario de 65 años, un accidente lo postró en cama. Un terrible golpe en la cabeza le provocó un coma profundo del que los médicos no auguraban buen término. A Gertrud, su mujer, le dijeron que sería casi un milagro si vivía más de veinticuatro meses en esas condiciones. Corría el año 1988 en Polonia. La gente salía a la calle para reclamar la legalización del sindicato Solidaridad de Lech Walesa. Y en Rusia, Mijail Gorbachov era elegido presidente de la Unión Soviética, por unanimidad.

Diecinueve años después. Grzebski ha despertado. No sólo venció el fatídico plazo que le dieron los facultativos. En parte, gracias a los constantes cuidados de su mujer, que cada hora le cambiaba de posición para evitar las escaras. Si no que también ha superado las expectativas de su propia familia, que acostumbraba a incluirle en las reuniones familiares aunque no mostrara síntoma alguno de enterarse de lo que pasaba a su alrededor

Cuando sufrió el accidente tenía cuatro hijos. Ahora, se despierta y le rodean once nietos. Pero para este hombre, el cambio es aún más radical. Gorbachov y Walesa se han convertido en sólo dos nombres que se estudian en la escuela. El comunismo cayó como lo hizo el muro de Berlín y las Torres Gemelas, dos acontecimientos que no vivió. Y Polonia es en la actualidad una república democrática.

Demasiados cosas para un viejo, reconoce Grzebski. “Cuando caí en coma sólo había té y vinagre en las tiendas, la carne era racionada y por todas partes había largas filas para obtener combustible. Ahora veo a las personas en la calle con teléfonos móviles y hay tanta mercancía en los comercios que me marea”, explica. Lo último que le falta por ver es que su historia ya ha sido contada antes, incluso, de que despertara.

30 abril 2007

Manzanas

A la Gran Manzana le pusieron el nombre unos mozos de cuadra. Trabajaban en el hipódromo de Nueva Orleans y ansiaban un hueco en el de Nueva York. Para ellos, la pista neoyorquina era algo así como el cielo. Un día alguien los escuchó mientras hacían sus cábalas. Se llamaba John Fitz Gerald y trabajaba en el New York Morning Telegraph. Corría el año 1921.

Al cronista deportivo le gustó tanto la expresión que decidió hacerla suya y renombró su columna sobre hípica como 'Sobre la Gran Manzana'. El 18 de febrero de 1924, Fitz Gerald escribió lo siguiente en lo que él creyó un alarde de originalidad: "La Gran Manzana. El sueño de todo chico que haya montado un pura sangre y el objetivo de todo jinete. Sólo existe una Gran Manzana y es Nueva York".

Ya en los años 30, el término acuñado entre las bostas de los caballos que competían en Nueva Orleans adquirió un nuevo significado. Y lo hizo sin perder sus raíces sureñas. Los músicos de jazz aseguraban el fantasma de la gloria sólo se hacía materia si uno se tomaba una copa en alguna tasca neoyorquina y le tocaba al oído. "Son muchas las manzanas que tiene el árbol del éxito, pero Nueva York es la Gran Manzana", musitaban entre vapores etílicos. Luego, en 1971, una campaña de promoción turística se encargó del resto.

23 enero 2006

Nochenueva

(A Doro y María Jesús,
El País Domingo, 22 de enero de 2006)

-¡Ay, bonita! Teníamos que haber madrugado más. Hoy ya no nos va a dar tiempo a querernos todo lo que deberíamos.

Las manos de Antonio cogen las de Matilde y las acercan a sus labios. Les da un beso suave y se las guarda bajo la manta con que envuelve sus piernas. El gesto se repite cada mañana, después del desayuno, desde hace catorce años. Y sin embargo, para Matilde siempre es algo nuevo, una dulce sorpresa que la hace sonreír y fijar la mirada durante un minuto en el rostro de él. Sin sombras.

Le hace feliz. Se hacen felices. Aunque queden lejos las tardes de cuando eran novios. Aunque ya no den paseos por el parque, ni vayan al café los domingos. Aunque sus cuerpos ya no sean los mismos, sino sacos que pesan como si los años estuvieran físicamente dentro, engarzados en los huesos, ahora más frágiles y quejumbrosos. Lo que no cambian son las caricias. Ésas son iguales que entonces, cuando se querían con el rubor siempre acechando en las mejillas.

Antonio es valiente. Mira a la vida cara a cara. Igual que cuando vio a Matilde por primera vez. Caminaba por la calle resuelta. Con la vista en el horizonte y sin pararse en nada. Sus pasos eran firmes y sus gestos decididos. Derrochaba energía y el vuelo de su falda se resentía. Sin embargo, había algo en todo ello que denotaba una profunda dulzura. Quizá fuera su mirada, parda e inocente, igual que la de un niño.

Todas las mañanas Antonio la veía pasar desde su taller y todas las mañanas se decía lo mismo. ‘Algún día le pediré que se case conmigo’. Y un día se decidió. Era San Esteban. Y no, claro que no le pidió matrimonio. Sólo levantó su boina de cuadros para saludarla. Matilde correspondió al saludo, un poco azorada. A Antonio se le subieron los colores y ella sonrió. Se guiñaron un ojo.

Los sábados había baile a unas calles del taller de Antonio. Desde el local podía oírse la música y verse el desfile de damas y caballeros con los trajes de gala. Él, en cambio, no era un habitual de la fiesta. Había ido sólo un par de veces, tal vez tres, pero no sabía bailar. Ni siquiera el pasodoble. Sin embargo, aquella tarde decidió acercarse. Era el último baile del año y, aunque no confiaba en ello, tal vez estuviera Matilde. Dio varias vueltas con Manuel, su amigo desde que coincidieran en el tren camino de Madrid en busca de trabajo.

Había perdido la esperanza de verla cuando, de repente, un grupo de chicas rieron a su espalda. Al volverse, la encontró, envuelta en un abrigo de lana color tabaco. La invitó a bailar, con más miedo que vergüenza, sin ni siquiera saber cómo agarrarla. Ella, franca y natural le colocó las manos y le guió hasta que fue capaz de aprenderse los pasos. Y así fue como Matilde y Antonio comenzaron su historia, casi a la vez que terminaba el año. Por eso, siempre se rieron de que a la Nochevieja se le llamara así. Porque para ellos siempre será la Nochenueva.

Matilde ya no se acuerda de eso. Pero a Antonio no le hace daño, le da igual. A él le basta con ese minuto en que le mira todas las mañanas, después de haberle dado el desayuno, como queriendo recordar quién es el que le coge las manos descarado y se las besa de un modo tan tierno. Nunca un bálsamo para las heridas se elaboró y actuó tan rápido. En ese lapso de tiempo, Antonio también olvida. Olvida, por ejemplo, el Alzheimer de Matilde.
Post antiguo Inicio