17 marzo 2005

Rusell

(Este es sólo el primer capítulo de una historia con asterisco y sin punto final. Dos rombos en realidad)

Hacía mucho que no la veía. Tanto, que no recordaba con exactitud su rostro. Pero me la encontré de frente en una de las calles del casco viejo de la ciudad. Caminaba despacio, con las manos en los bolsillos, absorta en sus pensamientos y la mirada fija en algún punto del horizonte. Me pareció ella y, por eso, la toqué, temiendo que se esfumara al fijar la vista en mí, como si estuviera soñando y ella fuera parte de la aparición. Bajó a la tierra. Primero, me miró desconcertada. Después, ella también me reconoció.

¿Hola?−me preguntó con timidez.
Hola ­−respondí con más aplomo−. ¿Marisa?

Casi sin escaparse los fonemas de mis labios, ella desplegó una sonrisa enorme. De oreja a oreja. Lo que en su cara pequeña y enjuta no significaban demasiados centímetros. Dos arrugas verticales acompañaron el gesto con una mueca de tristeza infinita que me pinzó el pecho, sin saber por qué. Sus ojos, en cambio, brillaban… Bailaban con el sol… Eran negros y profundos, enmarcados en unas pestañas pobladas y largas, sin rimel.

¡Qué sorpresa! −exclamó sacando sus manos de los bolsillos y acercando una a su boca.
(to be continued)

1 comentario:

Gonzalo Sellers dijo...

esa continuacion....que se hace esperar....
y otra cosa. ¿que significa eso de "dos rombos en realidad".
¿la segund parte es pseudo-erotica? jejejeje

Post nuevo Post antiguo Inicio