Y si mañana no existiera, hoy mismo me compraría un billete para llegar a ti. Que viene a costar lo mismo que un sencillo de metro.
Si esta fuera la última luna del mundo, echaría a correr hasta alcanzarte, te agarraría de la camiseta y gritaría: "Mira que eres idiota".
Si no amaneciera en unas horas, empañaría los espejos con mi aliento hasta quedar exhausto sobre la alfombra para decirte que me arden los besos en tu cuello.
Si este fuera el último aire que respiro, me pondría un parche en el ojo... o en los dos... para que tu me guiaras, pirata, y "que le den por el culo a esta ciudad de mierda".
17 agosto 2006
15 agosto 2006
Ariel líquido
Se me derrama el café sobre la mesa. No lo puedo remediar. Es un día tan tonto que ni puedo evitarlo. Lloro. Como si lo que hubiese perdido sobre aquel tablero de madera fuera la última vianda sobre la tierra. No es lo mismo. Quieres que sea igual, pero no. Saco una bayeta y recojo el desaguisado. Sobre la madera están tus letras marcadas... Si dejaras de apretar tanto cuando escribes... Pues sí que estaba llena la taza. Se han manchado las cartas del banco y el recibo de la luz. No hay láser para este tatuaje. ¿Por qué? No me lo preguntes. Hoy no me siento con ganas de responderte. Los sobres transparentan los gastos de la hipoteca. Te lo he dicho. Insistes y ya lo sabes. Para qué hablar, entonces. Joder, hasta los azulejos chorrean café. Voy a ensuciarme yo también. “La vida mancha –me dijiste–. Y no hay mora que lo quite”. Pues en el súper venden unos detergentes increíbles.


