Una muela ha sido el mejor documento de identidad para la reina Hatshepsut. Esta mujer, de fuerte carácter y gran personalidad, a la que gustaba jugar con la dualidad de su nombre, reposaba en el sótano del Museo Egipcio de El Cairo desde hacía años.
Los expertos dudaban entre si el cuerpo momificado era el suyo o el de su criada, Sitre In. No había señales que pudieran favorecer el reconocimiento. Tal vez porque tampoco se sabe a ciencia cierta que edad tenía ni en qué circunstancias murió
Unos dicen que fue en un golpe de estado dado por su hijastro, Tutmosis III. Y otros, por pena, tras la muerte de sus principales apoyos en el gobierno del pueblo –uno de ellos, Senenmut, su supuesto amante– y de su hija, Neferura, en la que había puesto todas las esperanzas para que fuera su sucesora en el trono.
Sea como fuere, el caso es que Hatshepsut falleció en Tebas tras 22 años de reinado. Y como tal, su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el Valle de los Reyes junto al de su nodriza, como era su deseo. En 1902, lo encontró el arqueólogo británico Howard Carter, el mismo que veinte años después hallaría el sepulcro de Tutankamón.
Y desde entonces, los expertos tratan de averiguar la identidad de los dos cadáveres. Un molar depositado en un vaso funerario con el nombre la faraona ha arrojado la luz necesaria sobre el asunto. Coincide a la perfección con la dentadura de una de las dos momias. Si ya lo decía Isabel Pantoja: "dientes, dientes...".
Los expertos dudaban entre si el cuerpo momificado era el suyo o el de su criada, Sitre In. No había señales que pudieran favorecer el reconocimiento. Tal vez porque tampoco se sabe a ciencia cierta que edad tenía ni en qué circunstancias murió
Unos dicen que fue en un golpe de estado dado por su hijastro, Tutmosis III. Y otros, por pena, tras la muerte de sus principales apoyos en el gobierno del pueblo –uno de ellos, Senenmut, su supuesto amante– y de su hija, Neferura, en la que había puesto todas las esperanzas para que fuera su sucesora en el trono.
Sea como fuere, el caso es que Hatshepsut falleció en Tebas tras 22 años de reinado. Y como tal, su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el Valle de los Reyes junto al de su nodriza, como era su deseo. En 1902, lo encontró el arqueólogo británico Howard Carter, el mismo que veinte años después hallaría el sepulcro de Tutankamón.
Y desde entonces, los expertos tratan de averiguar la identidad de los dos cadáveres. Un molar depositado en un vaso funerario con el nombre la faraona ha arrojado la luz necesaria sobre el asunto. Coincide a la perfección con la dentadura de una de las dos momias. Si ya lo decía Isabel Pantoja: "dientes, dientes...".


