Lo confieso, no he leído nada de Gelman. Y hoy me arrepiento al escuchar su discurso durante la entrega de su Cervantes. Con la voz profundamente ronca, bajo la cual se adivina, casi, la falta de aire al hablar tan propia de asmásticos y fumadores, lo dice. La poesía ha de estar "en pie contra la guerra". Y contra el olvido, cómo no. Víctima de la más cruel de las torturas de la dictadura argentina, hoy se ha acordado de su hijo y de su nuera desaparecidos. Al otro lado, su nieta, recuperada a pesar de los años y el dolor, lo escucha con la mirada hecha cristal. Y ha confesado lo que todos hemos hecho alguna vez: exorcizar nuestros fantasmas por medio de la tinta y el papel. "El poeta no vive para escribir, escribe para vivir". Porque sólo así es posible soportar la náusea y el abismo que se extiende a nuestros lados. Sólo de este modo uno se puede abrir camino en la tierra herida de lava, como las carreteras en el Parque Nacional de Timanfaya. Hoy he comprendido que tengo una cita en alguno de sus versos colgados...
Solo de ti, lleno de ti,esta tarde a las 7,el ciudadano de tu
ausenciase palpaba la cara, la voz, los papelitos,deveras comprobandoque tus ruidos andaban por sus huesosy en general te habías ido.
Golpeó puertas, teléfonos.La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,y él sentía tirones detrás del corazón.
A lo mejor era el tabaco,de todos modos yo soy otro:un pedazo de ti,alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,y, andá a saber por qué,toda la parentela de la muerte.



