23 abril 2008

En la fecha

Lo confieso, no he leído nada de Gelman. Y hoy me arrepiento al escuchar su discurso durante la entrega de su Cervantes. Con la voz profundamente ronca, bajo la cual se adivina, casi, la falta de aire al hablar tan propia de asmásticos y fumadores, lo dice. La poesía ha de estar "en pie contra la guerra". Y contra el olvido, cómo no. Víctima de la más cruel de las torturas de la dictadura argentina, hoy se ha acordado de su hijo y de su nuera desaparecidos. Al otro lado, su nieta, recuperada a pesar de los años y el dolor, lo escucha con la mirada hecha cristal. Y ha confesado lo que todos hemos hecho alguna vez: exorcizar nuestros fantasmas por medio de la tinta y el papel. "El poeta no vive para escribir, escribe para vivir". Porque sólo así es posible soportar la náusea y el abismo que se extiende a nuestros lados. Sólo de este modo uno se puede abrir camino en la tierra herida de lava, como las carreteras en el Parque Nacional de Timanfaya. Hoy he comprendido que tengo una cita en alguno de sus versos colgados...
Solo de ti, lleno de ti,
esta tarde a las 7,
el ciudadano de tu
ausencia
se palpaba la cara, la voz, los papelitos,
deveras comprobando
que tus ruidos andaban por sus huesos
y en general te habías ido.
Golpeó puertas, teléfonos.
La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora,
y él sentía tirones detrás del corazón.
A lo mejor era el tabaco,d
e todos modos yo soy otro:
un pedazo de ti,
alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos,
y, andá a saber por qué,
toda la parentela de la muerte.

10 abril 2008

iTunes

Leo en La tormenta en un vaso una acertada crítica de un libro que leí hace no mucho tiempo: 'Alta Fidelidad', de Nick Hornby (sí, también hay una peli que protagoniza John Cusak). Y esbozo una media sonrisa al ver que Banda también se ha dado cuenta de algo que aunque a mí me parece normal, ya no lo es: los personajes del libro buscan cabinas para llamarse y... ¡tiene contestador de sobremesa! (ahora, todas las compañías de fijos y móviles poseen su inabarcable buzón virtual).
Pero también apunta algo que se ha perdido y que yo, nostálgica por defecto (habría que reprogramarme, pero ya no se fabrica mi sistema operativo, ja), echo de menos: las cintas. Vaya, no es que extrañe estos soportes como tal (aunque me parecen que tienen su encanto), sino lo que antes se hacía con ellas: se grababan. Sí. Se elegían discos o selecciones personales que luego registrábamos en ellas para dárselas a algún amigo.
¿Dónde ha quedado eso? Ahora como mucho, pasamos los discos de ordenador a ordenador, en mp3, un formato tan intangible como adecuado (sobre todo a la hora del almacenaje). Y esto tiene su desventajas: como, a menudo, ocupa menos (y hasta es más barato), tienes tu discoteca que parece el archivo sonoro de Radio Nacional. ¿Te has fijado en cuánto tiempo hace que no escuchas un disco completo de una vez? Tienes tantos archivos en el iTunes que no sabes por cuál empezar. ¿O me equivoco?
Yo hoy escogería 'Loco por ti', de Caetano Veloso. Y que llueva.

06 abril 2008

La importancia de llamarse...













El nombre es algo muy importante. Lo saben todos aquellos que están esperando un hijo y se les acumulan los libros sobre el tema en la mesilla de noche. También los ingenieros que andan probando un nuevo prototipo -el definitivo, dice- en su fábrica de coches. Y no digamos los guionistas de nuevos programas, aún sin estrenar, que conquistarán la parrilla este verano. Pero si hay un lugar donde un nombre se ha convertido en cuestión de estado es Macedonia, la república ex yugoslava.

Desde que se independizara, anda a la gresca con sus vecinos griegos por la denominación oficial. Los helenos les piden que se la cambien si no quieren pertenecer a su país, que el 'copyright' del nombre lo tienen ellos, que para eso están los libros de Cultura Clásica y que los estudien. Los balcánicos, por su lado, les contestan que nanay, que, en verdad, ellos son los auténticos descendientes de Alejandro Magno y que, por tanto, su Macedonia es auténtica, aunque cercenada, así que que se anden con ojo, que, a lo mejor, les da por anexionarse lo que es suyo.

Y así pasan los días y las cumbres. Los ex yugoslavos se han quedado a las puertas de entrar en la OTAN (sí, que también son gente civilizada y europea, aunque no lo parezcan en los libros de Historia). Los helenos, muy pero que muy quemados (y no por los incendios del verano pasado... o no solo por ellos), les han vetado el paso. Se desconoce qué han dicho los eslavos, pero huele ligeramente a chamusquina y se intuye que detrás de ese silencio público se gesta algún tipo de venganza en su más que probable entrada en la Unión Europea

El continente anda un poco revuelto. A su vez, la todopoderosa Rusia les ha ganado la apuesta a Georgia y Ucrania. Ellas, que andaban sacudiéndose las plumas para ponerse guapas y entrar por la puerta grande en la Alianza, se han quedado compuestas y si novio. Ni el apoyo de Estados Unidos les ha valido para asistir al baile de graduación. Su vecina la grande, sin embargo, tiene, como se dice vulgarmente, el culo como un paraguas. También se espera vindicta.

Y es que da la sensación de que al igual que la energía, la Historia también se recicla. Más que avanzar, gira sobre sí misma. Puede que cambien los escenarios y los protagonistas, pero el argumento siempre es el mismo. Me pregunto qué diría Óscar Wilde si levantara la cabeza.

03 abril 2008

Esclavos

"Nunca seré gorda". Madonna lo tiene así de claro. Y lo dice aún más firme de lo que parece al leerlo. A sus cincuenta años, la reina del pop se machaca durante horas en el gimnasio -a ritmo de Britney Spears- y sigue al pie de la letra un estricto régimen macrobiótico para que no le sobre ni un miligramo. Vive de su imagen. O quizá sólo sea una excusa barata. 

Me hiela la sangre la determinación de la frase. "Nunca seré gorda". Es un tema muy trillado, lo sé. Pero es que me parece tan horrible que una mujer como Madonna sea tan esclava de sus curvas. Ella, que se precia de ser la 'enfant terrible' del 'star system', de haber violado todas las normas sociales más elementales, de ser un referente a la hora de crear estilo...
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