Atila debe vivir en mi escalera. O al menos, en mi manzana. Y encima, el muy cabrón, ha ido hoy al súper antes que yo. Mi única misión era hacerme con pan de molde para desayunar y un par de bricks de leche (Kaiku sin lactosa, tócate). Pues bien, lo primero por los pelos y lo segundo... ¿Tu los viste? Pues yo tampoco. Al menos en los estantes, porque lo que sí he visto han sido carros, cestas y bolsas llenas hasta los topes. Lo que nunca. Las cajeras han tenido que poner los pedidos en carros en vez de en las habituales cajas de plástico.
Y yo me pregunto, ¿acaso se acerca el fin del mundo? ¿una guerra nuclear? ¿un temporal de nieve sin precedentes? Pues no. Es sólo la huelga de transportistas autónomos. Un paro que ni asegura ni impide totalmente el reparto pero... ¡cómo vamos a quedarnos sin los cereales para desayunar! Sólo de imaginárnoslo nos entran sudores frío y sufrimos de taquicardia. Es que yo sin mi colacao no soy nadie. Porque ¿cómo voy a pasar la mañana sin el café de las once? ¿Y la pantera rosa de por la tarde? Ojú, no hay humano que lo resista.
Lo que yo no sé es por qué, entonces, la gente ha terminado con los aceites. ¿Acaso se lo beben? En fin, yo que pensé que con el de ricino de Zipi y Zape tuvimos todos bastante.


