25 septiembre 2008

Café de oro

Suelo desayunarme con los periódicos delante. Antes eran los de papel. Ahora, y no por la crisis, prefiero los digitales. ¿Para qué pagar si siento que algunos me estafan el euro y pico que valen? El caso es que echando un vistazo a El País me encuentro con una entrevista reportajeada a la nueva presidenta de los periodistas de España. Se llama Magis Iglesias y trabaja en la agencia Colpisa, cubriendo la información parlamentaria.

Tenía curiosidad por ver de qué pie cojea después de haberle leído 'perlitas' como "los periodistas no podemos ser los esclavos del siglo XXI". El de hoy tampoco era una bicoca: "Los periodistas hemos perdido la autoestima", asegura la profesional. Ejem, dentro se explica, y a juzgar por sus propias palabras, yo hubiera sustituido la última palabra por vergüenza.

Sin embargo, lo que me ha dejado sin habla ha sido el desenlace de la pieza. Si alguien tiene el diario en sus manos, se dará cuenta de que el artículo es el de la contra, ése en que se habla con un personaje de interés y actualidad en un lugar, mientras se comparte una comida, una cena, un piscolabis o o lo que se tercie. En este caso, era un desayuno (¿hay algo más apropiado para un periodista político?).


Siempre me han parecido desorbitados los precios de los menús de los que se daba cuenta en estas citas. Vamos, que tenía yo la sensación de que El País no escatimaba en gastos. Aunque lo de hoy, supera todo lo demás. Estoy acostumbrada a que una comida no abundante pero de calidad cueste un riñón (y no me duelen prendas al pagarlo si lo he disfrutado), pero ¡¡un café, noo!!

En la pequeña ficha donde se detalla la cuenta de hoy, el redactor (Juan Cruz) recoge un total de 31,35 euros. A diez euros por cabeza, desgloso yo, algo que en principio me resulta caro, pero no desorbitado. Al fin y al cabo, no hablamos del bar Manolo de la esquina, sino del Hotel Palace de Madrid. Lo que me deja casi sin aliento es ver el detalle del ticket.

Y no es que Iglesias, Cruz y el fotógrafo, Bernardo Pérez, se hayan puesto como el Kiko, sino que en la cafetería de este establecimiento hotelero deben elaborar el café con oro. Si no, cómo se entiende que cueste (atención) ¡¡¡6,25 euros!!! Normal que luego los "cruasanes y pastas" sean "gentileza" de la casa. Yo, por lo que cuesta un té en este sitio me desayuno zumo natural, café y tostada en el bar de debajo de casa y todavía me sobra.

Ah, y un apunte más. Zapatero estimaba el precio de una taza en 80 céntimos de euro en 'Tengo una pregunta para usted'. Habiendo desayunado por tierras castellanas estos días, no me extraña. Y si no me creen, vayan ustedes a Galende, muy cerca del lago de Sanabria, a un bar que creo que se llama El Ruso, y pídanse un desayuno completo. Entonces, me comprenderán.

23 septiembre 2008

Stand by

Estoy en stand by. Acabo de llegar de vacaciones y me da pereza todo. Lo normal, vaya. He de confesar que en esos casi quince días en los que me he hecho 3.000 kilómetros (no andando, claro, sino en moto) he descubierto varias cosas que iré desgranando poco a poco, como los guisantes cuando era cría. Aunque, de momento, ahí va la primera conclusión: se puede vivir sin ipod, al menos, durante un tiempo.

Algunos pensarán que soy un poquito exagerada... Pero es que nunca nos habíamos separado desde que me lo compré. Bueno, anteriormente al ipod tenía un walkman. Varios, mejor dicho, porque el primero, un Philips, murió tras diez años de convivencia porque cayó un piso abajo en la universidad... No pregunten, aún me pregunto cómo fue posible y, sobre todo, cómo fue capaz de seguir funcionando la radio tras el incidente suicida.

Así las cosas, pensé que me iba a resultar más estresante vivir sin él estas dos semanas, pero, aunque lo he echado de menos, no me ha dado por comerme las uñas... de los pies. En serio, ahora sé que puedo vivir sin mi cacharrillo verde manzana... pero también que no me da la gana. Escuchar, gracias al modo aleatorio, una canción que hacía mucho que no encontrabas en la biblioteca musical no tiene precio. Como la que me ha puesto ahora: 'De amor y de casualidad', de Jorge Drexler (que si goear funcionara pondría).

En fin, mañana más y mejor, cuando me ponga manos a la obra y ordene todo el material que tengo en la cabeza, en las cámaras de fotos, en la cartera, en mi cuaderno... Mi pequeño caos post vacacional. De momento, como podéis apreciar, acabo de inaugurar una nueva etiqueta que me viene al pelo y con horquillas.
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