¡Ay Jaime! ¿Quién iba a decirte que al final te ibas a enamorar como un colegial? ¿Que ibas a robar por amor bancos en media España? ¿Que hasta serías capaz de matar por mantenerte limpio y poder algún día coger ese vuelo de Barajas a
Congonhas? ¿Quién sería capaz de
descerrejarte esa verdad a la cara sin que te volvieras para abofetearlo? ¿Sin que le
encañonaras después con tu 'guitarra', que tanta gloria te dio en los últimos diez años, en periódicos de provincias donde el director era el hijo de la partera?
Te pusiste El Solitario porque andabas casi sin sombra. Porque nadie quiso ayudarte nunca con tus muletas a la hora de entrar en los bancos. Porque tu mujer, aquella
inglesita tan mona que se parecía a
Raquel Welch -o al menos eso la dijiste el día que te la llevaste a la cama-, te abandonó cuando dejaste de leer novelas y la cambiaste por un manual sobre sistemas de seguridad.
Tú, que ni siquieras querías ponerle persiana a tu negocio de bombas hidráulicas a las afueras de Madrid. Que te resistías a cambiar la puerta del chalet por una blindada y jamás echaste el cerrojo en el baño. Que te molestaba el candado de los vecinos en la verja. Que siempre dejabas las llaves en el contacto del
Suzuki Samurai hasta que un día, sin saber cómo ni por qué, desapareció y lo cambiaste por un
Vitara.
¡Quién, Jaime, iba a decirte que acabarías así! Acorralado a las puertas de la oficina de la
Caixa de Crédito de Agrícola de
Figueira da
Foz. En Portugal, precisamente, donde uno se siente a la vez nacional y extranjero. Tú que dominabas, casi, el idioma, que te habías trocado la cara y puesto el chaleco de
Kevlar. Entre seis policías, "fornidos y con mucho valor", según la Prensa, y con la
Magnum 357 en la '
sobaqueira', para los medios lusos.
Lástima. No podrás
jugarte unas fichas a la ruleta en el Casino. Ni llamarle, con las olas rompiendo al fondo, para contar que ya lo tienes todo a punto. Que has conseguido un billete para agosto. Que se compre algo de ropa y te espere en la cama. No, Jaime. Por mucho que fanfarronees delante de las cámaras, te han cazado. Caíste en la red y ya no tienes escapatoria. Les has costado diez años, 36 atracos, dos muertos, varios heridos y muchas pesetas. De las antiguas.
Aunque eso sí, estos días serás el rey de la actualidad: abrirás los periódicos, serás el gran titular en todos de los telediarios, las radios no harán otra cosa que hablar de ti y de tus fechorías -para algunos, casi hazañas-. Puede que incluso te hagan una película: como a El Vaquilla, El Lute y El Garfia. Formarás parte de los archivos policiales y de las hemerotecas. Te estudiarán en los colegios y en las academias. Serás -seguirás siendo- El Solitario, el atracador más buscado de España, que escuchaba a
Eric Clapton y
Chuck Berry.
Sólo tu archivo personal se quedará cojo. Y para su renquera no sirven esas muletas que te dejaste en tu casa de Madrid. Se mire por donde se
mire...