29 octubre 2007

Solapas y diamantes

Hoy hace día de solapas subidas y ipod clásico. De listas de reproducciones melódicas y resaca de mar. Hoy hace día de sofá y película con humo. Y sí, tal vez con humor. El necesario para reírse de los pies mojados en bailarinas. De paraguas olvidados dentro de un bolso. Hoy, que llueve como si llorara, suena Charles Aznavour en un coche. Mientras Kitty March pisa con garbo los charcos de la acera. Tal vez hoy alguien le haga un retrato y ella se enamore. O tal vez reciba diamantes.

18 octubre 2007

El caso de la ¿rubia platino?

Leía en el oyente -curiosa expresión- cómo cambian las cosas. Ni Sabina fuma como antes. Ni Rajoy es rey. Las cosas cambian que es "una barbaridad, señora Pilar, catorce huevos y doce gallinas", que dicen en mi casa -en fin, el refranero popular es lo que tiene-. Las historias se cruzan, se enredan, se entrelazan. Son caprichosas. Como nosotros. Y si no, ahí tienen a Sarkozy (París, 1955), hoy noticia, aunque no por la cumbre del Lisboa.

Conoció a Cecilia (Boulogne-Billancourt, 1957) en el altar. Se apellidaba Ciganer -su padre era un judío moldavo-, aunque estaba a punto de cambiarlo por Martin. Era alcalde de Neully-sur-Seine y oficiaba su boda con Jacques (Estrasburgo, 1921), el padre de Alix. Dicen los mentideros que Nicolas se quedó prendado de aquella muchacha de 23 años, que hacía sólo medio año que había suspendido otra boda con un fotógrafo. Probablemente es falso. Aunque sí es cierto que cinco años después de aquel 10 de agosto de 1984, Cecilia se divorcia. Tiene dos hijas -Judith y Jeanne Marie- y, al parecer, un 'affaire' con el joven y prometedor político.

Sin embargo, Sarkozy -también judío, pero de orígen húngaro-, está aún casado con Marie Dominique Culioli, una farmacéutica corsa, con la que tiene dos hijos -Pierre y Jean-. No se separaría hasta poco después, e inmediatamente confirma su nueva relación. A partir de 1993 la pareja formada por la bisnieta de Albéniz y el copríncipe de Andorra empieza a aparecer junta. Entre miradas de arrobo, Cecilia y Nicolás celebran su boda tres años después, en Neully sur Seine, localidad fetiche para ambos.

Un año más tarde nace Louis, el pequeño de la familia. A partir de 2002, cuando Sarkozy se convierte en ministro del gobierno de Jean-Pierre Raffarin, Cecilia comienza a aparecer en la escena política. Colabora con su marido en lo que puede, aunque eso levante ampollas y él tenga que salir al paso de las críticas, asegurando que lo hace gratis, que la gran familia que forman -entre los dos suman cuatro hijos- sólo viven de su sueldo. Pero nadie discute su relación. Hasta mayo de 2005.

En esas fechas se celebra el referéndum francés sobre la Constitución Europea. Y Cecilia no aparece al lado de Nicolas. Algunos periódicos hablan de crisis. Otros publican ya hasta el nombre del amante de ella, Richard Attias, un publicista que ha pagado los platos rotos de esta intensa relación. Y de la nueva conquista de él, la periodista política de Le Figaro Anne Fulda. Incluso hay fotos de los romances. Estalla la guerra entre ambos y Cecilia se muda a Nueva York.

Sin embargo, en 2006 regresa a Francia y al lado de su todavía marido. Unos hablan de reconciliación. Otros de paripé por "razones de estado". La duda nunca se ha disipado. Y el comportamiento de la pianista echa más leña al fuego. Sus desapariciones, sus silencios, su abulia en los actos públicos... El forzado beso durante la toma de poderes de Nicolas en mayo como presidente de la República lo evidenció aún más. Sobre todo porque desde enero hasta abril nadie sabía qué había sido de la primera dama.

Y porque durante ese tiempo, la prensa desveló que Cecilia no había votado a Nicolás durante las elecciones. Se abstuvo, algo difícil de entender en el país galo, sobre todo, después de su apoyo incondicional a Sarkozy durante su etapa ministerial. La prensa una vez más desempolvó otro nombre: Marc Levy, un escritor con el que, supuestamente, ella se veía a escondidas. El matrimonio dio la callada por respuesta. Incluso se habó de 'anginas blancas' para excusar la ausencia de Cecilia en el encuentro que Nicolas mantuvo con George W. Bush en agosto, durante sus vacaciones en Maine.

Nadie se creía ya la historia de amor de los Sarkozy. Hoy, el Elíseo les ha dado la razón. El presidente y la primera dama se separan. Por primera vez en la historia de Francia. Los líos de faldas en la alta clase política francesa son el pan de cada día: lo hicieron, entre otros, Valery Giscard d'Estaigne y Jacques Chirac; y Françcois Miterrand tiene hasta una hija ilegítima. Pero ninguno de ellos se divorció mientras ejercía su cargo. Sólo Nicolás lo ha hecho. Un 18 de octubre, a sólo cinco días de su aniversario de boda con Cecilia.

14 octubre 2007

Siffert y Bell

Tenía casi 30 años y pilotaba un Ferrari. Rojo, como tiene que ser. Iba liderando la carrera. Circunstancialmente, como pasa también a veces. Pisaba a fondo el acelerador. Tenía que sacar suficiente ventaja como para que los Porsche 917, los verdaderos líderes de la competición, perdieran toda su ventaja. Era la vuelta 38 y frente a él estaba el 512M de Mike Parkers. Lo tenía a tiro. Sólo tenía que darle un poco más de gas a su 312BP. Y lo hizo. Era la curva de Ascari, que escondía la espaciosa recta de meta. No llegó.

Parkers tuvo tiempo de ver lo que le esperaba cuando la horquilla se deshacía. Un auto blaquiazul cruzaba en diagonal la pista. Era el Matra de Jean Pierre Beltoise, el coche ganador del año anterior. Se había quedado sin combustible y el francés estaba empeñado en hacerlo llegar al box. Su compañero esperaba allí para darle el relevo. Tampoco llegó. El 512M lo esquivó en una maniobra rápida y limpia. Él no pudo. No lo vió.

Una bola de fuego estremeció a los espectadores. Beltoise se quedó parado en medio de la pista, con las manos vacías. El coche se le había ido. Había desparecido. El 312 había impactado contra él a una velocidad de vértigo. Unos metros más allá, ya en la recta de meta, había una densa humareda. Salía de un amasijo de hierros... rojos. Era el Ferrari de Ignazio Giunti. El italiano murió en el acto. Era el 10 de enero de 1971. Los 1000 kilómetros de Buenos Aires en el Autódromo 17 de octubre. Al final, ganó un Porsche. El de Siffert y Bell. El suizo también moriría ese mismo año en Brands Hatch.

03 octubre 2007

Días duros

Estoy sentada frente al ordenador. Escribo y pienso en ti. Tengo la luz apagada. Siempre me ha gustado teclear en la penumbra. De fondo, suena Quique, y también un adelanto de su nuevo disco. Una sirena se cuela por la ventana. Creo que llueve.

Antes pensaba que las cosas importantes salían en los diarios. Hoy me doy cuenta de que, a menudo, sucede todo lo contrario. No hablan de cajones vacíos, ni de broches perdidos en paseos de verano. No recogen mapas de pecas y lunares, ni entrevistan a ombligos redondos y perfectos.

Cuentan que hay guerras, con armas y con palabras. Que la gente muere y mata, y se olvida. Pero no tienen ni idea de que el disco que promocionan es un regalo bajo una almohada. Y el libro que fusilan, un hueco en una estantería con polvo. Los tabloides no resuelven la felicidad, ni saben de días duros.

Son las doce. Mañana madrugo. Y dudo de que cuando me levante estén puestas las calles. Y haya salmones en los quioscos. Sin embargo, sé seguro que cuando me despierte, a eso de las seis, habrá unos ojos que me miren más allá de los párpados y café desvelado en el armario.
Post nuevo Post antiguo Inicio