23 enero 2009

Continúa el viaje

A este blog le iba tocando un cambio. Hoy se ha lavado la cara un poco. Seguramente, mañana le toquen las orejas. Lo notarán, o tal vez no, pero era necesario. Después del abandono había que renovarse, como cuando uno decide hacer limpieza en la buhardilla...

Estos últimos meses han sido un secarral, a pesar de la lluvia constante. Esperemos que los próximos sean vegas fértiles en los meandros del río. Si están ahí, gracias, mi sombra nunca abandonó este espacio. Si se han ido, gracias igualmente por haber estado.

Yo seguiré por aquí, con la libreta en el bolso, y mi 'Canon' al hombro. Otro día les hablaré de ella, "presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad".

03 enero 2009

No apto para los adictos a Nutella


Dos meses sin escribir en el blog es mucho tiempo. Es el precio de un trabajo estable. O eso creo. Pero también es producto de una realidad cada vez más predecible. Sea por a o por b, hay solución, sólo hay que abrir la puerta adecuada. Y yo acabo de entrar por una bastante curiosa. Acabo de leerme 'Nocilla Dream' y 'Nocilla Experience', los dos libros que, de momento, componen la trilogía de Agustín Fernánez Mallo.
Resulta curioso ¿no? Una trilogía compuesta por dos libros... que ya está concebida así desde que nace el primero y se vende como tal cuando no se sabe, siquiera, si dará lo suficiente como para escribir el tercero (ya bautizado como 'Nocilla Lab'). Está claro que este fenómeno está concebido antes de la crisis, que ahora es la culpable de todos los males del mundo. Y es ciertamente poético por lo que tiene de absurdo y de caleidoscópico.
Porque este último adjetivo dice mucho de lo que uno se encuentra cuando se embarca en la aventura Nocilla. Yo oí hablar por primera vez de ella cuando 'El País' publicó un reportaje sobre jóvenes creadores literarios. Y aunque no es lo que esperaba (los recuerdos son traicioneros), no me ha decepcionado.

Se trata de un puzzle construido con una base de referencia que el lector nunca tiene en sus manos. Tremendamente atractivo para espíritus intrépidos. Es como intentar dibujar la cara de un amigo de la infancia del que ya no te acuerdas exactamente. O intentar reconocer al casero (al que sólo has visto un par de veces) en el bar de debajo de casa.
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