29 septiembre 2007

Aves de paso

A propósito de un post tuve que confesar cuando me vendí. Hoy reconozco que cada día lo hago un poco. Quizá por eso anoche, matando dos pájaros de un tiro, redescubrí canciones que me erizan la piel, que aún me excita mi oficio, y que hay mucho conductor suicida suelto. Yo es que me saqué el carné a la primera y sin una sola falta.


20 septiembre 2007

Las horas


Cerró la puerta y suspiró. Por fin se había acabado el mes. No se oyó nada. Agarró el teléfono, pero al otro lado no contestó nadie. Salió a la calle. Hacía una temperatura agradable. Pensó que podría cambiar el metro por el autobús. Al final, se decidió por caminar. Tuvo una sensación extraña. Había recuperado algo que entregó, al parecer, en depósito hace meses. Cuando se vendió. El lunes pasaría por la ETT. Le quedaba entregar el último parte de horas.

09 septiembre 2007

Padre

La primera vez que me di cuenta de que mi padre no era una persona eterna tenía 23 años. Sabía de la muerte desde los dos años. Y a los ocho perdí a la segunda persona más importante en mi vida. Pero no había querido pensar que también le podría pasar a mi padre. Él era perpetuo. Sin embargo, a los 23 alguien me dio un toquecito en el hombro y me dijo: 'Sshhhh, nena, creo que te estás equivocando'. No lloré. Tragué saliva y me dije que había que afrontarlo todo, fuera lo que fuera. Y sonreír, porque eso le valía a él más que una pastilla.

Afortunadamente, nada fue tan grave como se intuía. Simplemente, un aviso, un 'cuidado, que no me veas no significa que no exista'. Y hay días en que cuando suena el teléfono se me encoge algo en el pecho y me falta aire para respirar. Luego, no es nada, sólo un saludo y alguien que reprende al otro lado. 'Come. Vete al médico. Ahorra. ¿Qué tal el trabajo? ¿Llamaste a tu hermano?'. Y pienso '¡qué pesados!'. Pero también cuánto me gusta que lo sean.

08 septiembre 2007

La comunicación

Seung Hui-Cho no era un chico normal. Por eso, en abril de este año le dio por armarse hasta los dientes y disparar a diestro y siniestro en el campus universitario donde vivía y estudiaba. Seun Hui Cho es el autor de la mayor masacre estudiantil que ha vivido Estados Unidos: la de Virginia.

Hace unos días, sus padres explicaban al mundo, vía entrevista, cuan desconocido era su propio hijo para ellos. Y la conclusión que uno se lleva al ver lo que dicen es que Seung Hui-Cho era un rarito casi desde que nació.

De pequeño no le gustaba que le tocaran. A los tres años tuvo problemas de corazón y se enfadó mucho por las pruebas médicas: demasiado roce. A partir de ahí, nunca dejó que nadie se le acercara: ni figuradamente. La migración de la familia a Estados Unidos cuando sólo tenía ocho años no mejoró su introversión. Todo lo contrario.

Las dificultades con el idioma le causaron muchos dolores de cabeza y humillaciones en clase, según sus padres. Seung Hui Cho ceceaba y era gangoso. Los niños se reían de él y habitualmente comía solo. Los sandwiches de mantequilla de cacahuete los engullía mientras las lágrimas se le acumulaban en la comisura de la boca.

Los profesores recomendaron a los padres que lo trataran. Y el chaval fue enviado a terapia: no tenía que hablar si no quería. Bastaba solo con que dibujara, modelara plastilina, tocara algún instrumento. Pero su mente turbada no mejoró. El chico tenía obsesión por las casas sin ventanas y las cuevas sin respiraderos.

No es de extrañar, por tanto, que Seung Hui Cho cogiera sus pistolas el 17 de abril y se lanzara a matar compañeros como quien acaba con marcianitos. Demasiada luz a su alrededor. Demasiado ruido. Imposibilidad de comunicación. Nadie podrá decir ahora cómo era realmente Cho. Nadie le escuchó a él.

Y él lo que deseaba más que nada, seguramente, era eso, que alguien se sentara a su lado en intentara comprender algo de lo que balbuceaba. Porque Seung Hui Cho llegó, incluso, a cambiar de estudios. Dejó la informática por la literatura, a pesar de que su hermana le advirtió de que, dados sus problemas para expresarse en inglés, no era lo más recomendable.

05 septiembre 2007

Salad


Que el mundo no es de color de rosa lo saben aquí y en París. Por mucho que las pasarelas quieran ponerlo de moda esta temporada. Pero hay toda una gama de colores entre medio del blanco y del negro para tintar el agua del que estamos hechos. Más allá del gris que esta temporada va a causar sensación, están tu rojo y mi verde, por ejemplo. Y el naranja de las ensaladas que preparas.
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